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Pequeños retales de literatura

jueves, marzo 24, 2011

Danzad, danzad, malditos

danzad danzad malditos Rompemos el silencio. Comenzamos a sentir el ritmo de la música, cuando este viaje sin retorno llegue a su fin, garantizo que nuestros zapatos habrán pateado enloquecidamente el suelo hasta desgastarlo. Bueh, no hay demasiado misterio, voy a hablar de esta fantástica película de Sydney Pollack que es danzad, danzad, malditos, que por fortuna se cruzó en mi camino mientras zapeaba entre las montañas de basura que acostumbra a ofrecer la parrilla televisiva. Un auténtico hallazgo. Creo al menos merece la pena detenerse un poco en esta película y dedicarle unas líneas a comentarla, porque por internet tampoco parece que haya demasiada información y creo que esta película merece mucha más repercusión de la que creo que tuvo y tiene.

Después de visionarla, además de quedarme alucinado por la cantidad de pequeños detalles que ofrece, puedo decir con rotundidad que es la película en la que he visto más reflejado el monstruo en el que a veces se convierte la televisión. Detectar esta patología audiovisual cuyo alcance debatimos en la actualidad en los años sesenta-setenta, me parece todo un prodigio de la inteligencia. Supongo que en el pastel del mérito habría que darle la mayor tajada al escritor en la que se basa esta obra de la Gran Depresión americana, Horace McCoy (el otro escritor especializado en esta época de crisis me imagino que es John Steinbeck, en especial con su obra Las uvas de la ira y las desventuras de la familia Joad). También felicitaría por supuesto al director Sydney Pollack (con una filmografía impecable a sus espaldas en las que destacan títulos como Memorias de Africa, La tapadera, o Sentido y sensibilidad); los guionistas James Poe y Robert E. Thompson, el primero con películas tan emblemáticas como “La gata sobre el tejado de zinc” (y aprovecho para dejar un sentido recuerdo a la gran Elizabeth Taylor recién fallecida). A las otras personas a las que habrías que elogiar es en general a los actores del film por el gran trabajo de interpretación que realizan, pero de estos ya hablaré más adelante. También creo que vale la pena remarcar al responsable de la banda sonora Johnny Green cuyos temas acompañan el delirio bailongo de los concursantes.

Para comenzar un par de aclaraciones. El título Danzad, danzad, malditos no tiene nada que ver con el título original They shoot horses, Don´t they? (¿No disparan a los caballos?). En general no soy partidario de alterar tanto el título en una traducción, pero he de reconocer que lo de Danzad, danzad, malditos es una frase con gancho, y que se ha popularizado como expresión de tal manera que en este caso me gusta mucho más como suena el título español que el americano. La otra precisión es que la película yo la he visto en versión Color, pero creo que también fue estrenada en su formato Blanco y Negro, por lo que es bastante fácil encontrar por internet fotogramas de la película en blanco y negro.

La película como decía narra un episodio de los años treinta americanos, los populares maratones de baile, en las que parejas se apuntaban en un concurso que consistía en bailar durante días y días hasta que sólo una pareja quedase en pie y no hubiese sido eliminada. Estados Unidos era una sociedad que aún resoplaba por el batacazo que había sido el crack del 29, los índices de paro, pobreza y hambre se disparaban, y muchos jóvenes frustrados que habían acudido a California con el sueño de ser actores, veían esos concursos como una manera de subsistir, ganarse unos dólares y comer caliente al menos mientras durase su participación.

El concurso de baile se desarrolla en el muelle de Santa Mónica, y compiten en él decenas de parejas. El responsable y maestro de ceremonias de todo el concurso es Rocky, interpretado por un gran Gig Young (su trabajo le valió la consecución del oscar al mejor actor de reparto) que se dedica a enfervorizar las gradas de público. Rocky representa el único que entiende que el concurso es en realidad un negocio vestido de espectáculo, que recuerda a los antiguos circos romanos. Sabe que el público busca el morbo y él está dispuesto a satisfacer ese morbo, pero sabe también que sólo puede llevar ese morbo al límite, porque si lo sobrepasa el propio público entonces se asustaría al darse cuenta en lo que se han convertido. Rocky tiene una parte despiadada cuyo fin es el ganar más dinero, pero también tiene una parte humana, por la que se sabe consciente que para ello debe utilizar a esos jóvenes desesperanzados, y está dispuesto a ayudarles a la vez que los utiliza y los manipula.

Sidney Pollack

La pareja protagonista es la protagonizada por Gloria y Robert (magnificas interpretaciones de Jane Fonda y Michael Sarrazin. No destaco por fisionomista pero me parece muy curioso el parecido que tiene esta joven Jane Fonda con Sigourney Weaver. ¡Miren sino el cartel de la película! Me imagino que luego Jane Fonda entre el paso de los años y los liftings, ha acabado desvirtuando un poco su propio rostro (porque es verdad que ya en esta otra foto… pues ya no se parecen mucho).

Gloria es una mujer bella, impertinente y algo borde, que llegó a California con el sueño de ser actriz, pero que la vida la ha tratado muy mal. Tiene una leve esperanza de ganar el concurso, pero en el fondo cree que no se puede luchar contra el destino, y que la vida nunca le ha dado unas buenas cartas. Su desesperación le llevará a ese triste final que me imagino que a muchos decepcionará (digamos que la película no es en absoluto una oda al optimismo, así que absténgase de verla las almas demasiado sensibles). Gloria, enfadada con la vida tiene alguna salida memorable como cuando otro de los participantes le dice:

- ¿Te han dicho alguna vez..?
Gloria le corta y no le deja terminar frase, respondiéndole.
- Ya me lo han dicho.


Robert es un muchacho con poca iniciativa pero de buen corazón, que casi se ve metido en la vorágine del concurso sin comerlo ni beberlo. Es un soñador nato, que se queda embobado cuando contempla un rayo de sol que entra por la ventana.

La película nos ofrece tal como Rocky brama a los espectadores lo que podría ser el sucedáneo de una historia de amor: chico conoce a chica, chico se enfada con chica y cada uno va por su lado, y chico recupera a chica. Todo en clave de parejas de baile. Increíble el papel que tienen los silencios en esta película donde a veces se dice más cuando se calla una respuesta que cuando se intenta expresar con palabras lo que todos sabemos.

Los otros papeles del reparto que creo que valdría destacar es el de Alice (Susannah York) que interpreta a otra aspirante a actriz que aunque ha conseguido llegar un poco más lejos que el resto de concursantes en su sueño hollywoodense, al final se encuentra allí compartiendo camastro con el resto de concursantes desempleados. Y también remarcar el papel del Red Buttons que interpreta a un marinero ya algo mayor, veterano ya de estas lides de baile.

Todos ellos bailan y bailan en la pista, mientras el público va escogiendo a sus favoritos y a medida que ellos merman físicamente, las gradas de la carpa en la que se encuentran van llenándose de público. Seguramente esto es lo que más me fascina de este gran trabajo, la película tiene una duración cercana a las dos horas (bastante para esa época en la que casi nunca se excedían en el metraje). A la hora de película a los concursantes ya se les ve bastante cansados: lucen enormes ojeras en sus rostros, van despeinados, mantienen una mirada perdida y el baile se ha convertido en una leve oscilación de sus pies. En la última hora de película los participantes que aún aguantan en pista se han convertido en simples zombis vivientes que murmuran incoherencias y que se encuentran al borde de la locura.

Hay que decir que la maratón dura varias semanas de baile continuo (el concurso sólo les deja descansar breves momentos, y dormir unas pocas horas antes de volver otra vez a ponerse a bailar entre día y día). Para colmo hay una prueba eliminatoria para azuzar al público en el que las parejas deben de dar vueltas a la pista durante diez minutos, y las tres que vayan más rezagadas en las vueltas al acabar ese tiempo, quedarán eliminadas. El patetismo de estas escenas es brutal, al ver como parejas se empujan y se dan codazos para no ser los últimos, y como cuando uno de los integrantes de la pareja ya no puede más, el otro aún sigue tirando de ella arrastrando a su compañero.

Danzad Danzad Malditos

De vez en cuando alguno de los integrantes de las parejas baila o canta en solitario, y entonces el público cuando se ve complacido, les tira monedas como si de cacahuetes se tratase. Ellos son como los animales del circo, pero es en los espectadores presentes donde se encuentra la verdadera brutalidad, dispuestos a que los concursantes desfallezcan de cansancio para saber quién será la pareja ganadora. En la última vez que se ve enfocado el marcador que indica las horas transcurridas, se ve que este a pasado ya las 1000 horas de baile. ¡Qué no es moco de pavo!

Por otro lado Sydney Pollack me parece muy original para la época, con los minúsculos flashbacks que va metiendo en la trama, que me imagino que predisponen un poco para el final (yo a esto lo denomino dulcificar un final duro). De hecho, el triste final con el que acaba la película no deja de ser otra muestra de originalidad (si se han fijado en la actualidad se llevan los finales abiertos, pero los finales no felices no eran demasiado populares cuando se rodó esta película).

Y ya termino. Solo comento que me imagino que si yo participase en un concurso de esos apenas aguantaría un día ya que soy de los que si llevo más de unas horas de pie me tengo que sentar en algún lado porque las piernas me comienzan a doler. Así que dudo que aguantase más que unas míseras horas sin comenzar a quejarme de manera ostensible y lamentable. Y además, para estos concursos que desafían la condición humana, tengo presente una lección que aprendí de ese otro gran libro que es La larga marcha del maestro terrorífico Stephen King. Copio un fragmento que cuando lo leí, me fascino y que creo que refleja en gran parte la capacidad humana frente a la adversidad:

“Me ha costado darme cuenta, pero desde que he superado el bloqueo mental lo he comprendido todo muy aprisa. Camina o muere, ésta es la moraleja de este cuento. Así de sencillo. No se trata de la supervivencia del más preparado. Ahí fue donde me equivoqué al meterme en esto. Si lo fuera, tendría bastantes posibilidades. Pero hay hombres débiles que llegan a levantar coches si sus esposas están atrapadas debajo. El cerebro, Garraty-. La voz de McVries se había convertido en un ronco susurro-. No se trata de hombre o Dios. Es algo… del cerebro."

(Hay un poquito más en esta otra entrada mía… es que me repito como el ajo).

3 Comments:

Anonymous AA said...

Como tú mismo dices es un claro ejemplo de lo que se respira es muchos programas de televisión actuales(y no me refiero solo a programas tipo Sálvame)donde tienes que llevar el contenido hasta el límite pero sin cruzar la línea que hace que el espectador se de cuenta de lo lejos que estás llegando.

4:06 p. m.  
Blogger Vigo said...

Yo practico mi propio código ético a la hora de ver la programación. No veo programas en los que se manipula a la gente, en los que chillan los colaboradores o los invitados, en los que creo que se premian las malas actitudes éticas, en los que se intenta hacer llorar a los invitados gratuítamente, etc.

Y al final naturalmente de lo que más acabo viendo son películas.

Bueno, también soy un defensor de algunos realitys tipo Gran Hermano o Fama, pero creo que la posible manipulación que se pueda hacer de los concursantes no es ni de lejos lo que se hace en otros programas u otro tipo de realitys. De hecho creo cuando algunos concursantes salen de estos realitys es cuando se comienzan a pervertir, siendo invitados a programas sencillamente para que se peleen con sus excompañeros.

7:59 p. m.  
Anonymous Germán said...

Un análisis muy interesante. He llegado aquí porque acababa de ver una escena de la película de casualidad y justo me ha recordado a La larga marcha, de S. King.

5:39 p. m.  

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